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Monday, January 24, 2005

Los ángeles

Ellos son los ángeles que traen la muerte

Ellos son los que vuelan a tu alrededor revoloteando sus alas

Ellos son los que te arrancan el corazón del pecho

Los que adormecen los nervios y entumen las manos


No son ángeles de Dios, no son del Diablo

Son los que te miden, te exigen, te pesan, te dividen, te etiquetan, te dudan


Te hacen creer que existes, te hacen creer que importas

Son los que al final del día te llevan a tu cama

Y te murmuran que si te esfuerzas serás mejor mañana.



Fabiola

Enero de 2005

Ciencia y Religión

No entiendo cual es la gran controversia entre la ciencia y la religión

Para mí son la misma cosa.

Ambas tienen sus dogmas de fe, sus ciegos seguidores, sus santos y sus dioses.

Ambas nos dejan con más preguntas que las que pueden responder.



Fabiola

Enero de 2005

El que nace para poeta...

El que nace para poeta

del cielo le caen los poemas.



Fabiola

Enero de 2005

Friday, January 21, 2005

La Reunión

Si tan sólo supiera quienes van a estar en la fiesta podría por lo menos imaginármela, pero nadie me quiso dar señas de lo que me espera. Ojalá que no sea una de esas reuniones aburridas llenas de elogios, promesas, reconocimientos, y nada de lana.

No me sentiría así si tan sólo me saliera algo, pero estoy más seco que nunca, ni una pinche palabra en días, ni siquiera una mediocre, nada. Creo que es esta mi parada, no es la que sigue. ¿Cuándo irán ha hacer los vagones del metro más grandes para que quepamos todos?

Ojalá que esté Paola con una de sus falditas chiquitas, por lo menos eso le traería entretenimiento al asunto. Me dijeron que tal vez va a estar el hijo de González-Caballero. Lo que es haber nacido en buena cuna. Como si se lo mereciera, con una palabra de su padre basta para que todas las editoriales esten a sus órdenes. Pinches niños ricos, escribiendo de pobreza, luchas y marginación, como si tuvieran corazón para sentirlo.

Aquí es donde me bajo, creo que voy a llegar temprano, el metro se tardó menos de lo que esperaba. Puedo caminar por aqui para hacer tiempo. El mercado todavía no cierra. Desde pequeño me gusta el olor de los mercados, los marchantes cierran sus puestos, tapan las torres de frutas con lonas de colores, los perros se preparan para dormir, los sonidos han cedido ante la ausencia de luz. Una señora envuelta en su reboso, pequeña y sumisa camina hacia a mi, cada una de las arrugas de su cara me pueden decir algo, no sé si lo que quiero escuchar, pero lo tengo que oír. ¿Qué le puedo dar?, No tengo nada, ni una sola pinche palabra mediocre. Perdóneme señora, sólo tengo dinero para darle. ¡Que vacuidad!, sólo dinero. Me extiende la mano, me dice algo tapándose la boca. Meto mi mano al bolsillo, le doy todo lo que tengo menos mi boleto de regreso.

Sin vacilar dirijo mis pasos de vuelta a la estacion del metro.

Fabiola

Enero de 2005

El arte de hacer dinero

¿Trabajar en el arte?

¿Trabajar para el arte?

¿Hacer dinero para hacer arte?

¿Hacer arte para hacer dinero?


Fabiola
Enero de 2005

Thursday, January 13, 2005

Su sueño

Su sueño era comprar una casa en las afueras de ciudad. Habían esperado varios años para lograrlo. Después de una larga búsqueda eligieron una casa que reunía las características que ambos deseaban. Tenían menos de un mes de haberse mudado, todavía acostumbrándose al medio ambiente. Estaban rodeados de árboles y un pequeño lago se dibujaba en el horizonte.

Martín tenía que manejar cerca de una hora y media a su trabajo, pero no le importaba, valía la pena el viaje. La casa no era grande, suficiente para ellos dos. Valeria, había transformado la terraza en su estudio, lleno de luz y colores vivos que le regalaba la naturaleza.

Era jueves, llovía a cántaros, lo que empeoró el tráfico, Martín trató de no hacer coraje, esta vez no tenía prisa por llegar. Valeria lo esperaba con pan recién hecho y café colado. Sentados a la mesa, conversaban de las cosas de hoy, él contestaba vagamente, sin hacer muchos comentarios. Un tenue murmullo los acompañaba, Martín no hizo caso, pero Valeria le preguntó: ¿Qué es eso que se oye?. -No sé, ha de ser algún animal.

Martín trabajaba para la industria del papel, tenía un puesto de contador, en la oficina principal. Su secretaria Blanquita como él la llamaba, estaba enamorada del él desde el primer día. Él lo sabía, pero para evitarse problemas en la oficina había preferido no hacer nada al respecto. Como él lo ponía, amaba a Valeria, era una mujer excepcional, pero él necesitaba algo más. Blanquita tenía 21 años.

Hoy él se había sentido vacío, deseoso, solo. Blanquita, había entrado a la oficina para discutir con él el reporte de la próxima semana. Él, de la nada, la invitó a comer. No pudo frenar su impulso. Durante la comida, en un lujoso restaurante, hablaron del reporte y de ellos. Él mintió diciendo que tenía problemas con su esposa, Blanquita lo miro con compasión creyendo cada una de sus palabras. Cuando él pensaba en ella, su mente visualizaba un venadito, frágil e inocente. Al despedirse él se le acercó y la besó. Blanquita respondió entregándose en ese instante en cuerpo y alma.

Valeria lavaba los trastes, sus pinceles descansaban en el escurridor de platos. Martín la ayudaba a recoger la mesa. –Valeria, no pongas aquí tus pinceles, los trastes se llenan de pintura. Ella no contestó, sabía que él estaba molesto por algo. No quiso preguntar por que, esperaría a que se le pasara.

El sonido de afuera se incrementaba en intensidad. Ahora podía distinguir que era. Se oía el cantar de las ranas. La lluvia las había inspirado. Se río de ella misma, eso demostraba que todavía le hacía falta mucho que aprender de la vida afuera de la ciudad.

Martín, prendió la televisión para ver las noticias. Valeria quería hablar con él sobre su nuevo proyecto, pero esperaba encontrarlo de mejor humor para ello. Tampoco quería decir el típico: “Martín tenemos que hablar”, por que eso lo pondría a la defensiva. Se sentó junto a él y vieron las noticias.

Era más difícil oír, las ranas sonaban más fuerte. Martín por fin se percató del sonido. “Oye, esas ranas si que cantan fuerte”, “Sí, ¿verdad?, parece que están aquí afuera”. “Cómo crees?, el laguito esta bastante lejos”. Por un momento se vieron a los ojos, él bajó la mirada, no podía ver a Valeria a los ojos. Tomó el control remoto subió el volumen y siguieron viendo el televisor.

Valeria se levantó para ir al baño, desde la ventana del baño el canto de las ranas se oía como cristal. Se dirigió a su estudio, y tomó la carta de invitación para exponer en Guatemala. Esta gira le representaba viajar por el país por más de un mes y medio. Sabía que eso a Martín no le iba a gustar. Tendría que decírselo suavecito, como no queriendo la cosa, para que al final él le dijera que era una oportunidad maravillosa y que no la dejara de ir, como si fuera de él la idea.

Martín trataba de concentrarse, pero sólo podía pensar en una sola cosa. Blanca. Sonó el teléfono, Valeria guardó la carta en su pila de papeles y contestó desde el pasillo. “Bueno, bueno…”. “Martín no puedo oír el teléfono esas malditas ranas no dejan de cantar”. Martín tomó el teléfono que tenían en la sala, pero con el volumen del televisor y el canto melodioso de los batracios tampoco pudo oír nada, tuvo que colgar, disimuladamente miró el identificador de llamadas, el número en la pequeña pantalla era el de casa de Blanca.

-Martín, ¿crees que esta bien que las ranas se oigan tan cerca?, - No sé. Se oyen como si estuvieran en la puerta. No acabo de decir esto cuando un golpe seco se escuchó en la puerta. Se tomaron de la mano y se dirigieron a la ventana. Caminaban despacio, tenían que gritarse por que el ruido era tal que había ensordecido el televisor.

- Martín, vamos a llamar a la policía.

- ¿Y qué les vamos a decir?, ¿Que tenemos un bonche de ranas escandalosas?

Valeria, llegó primero a la ventana, deslizaba con terror la cortina, cuando sonó de nuevo el teléfono. Martín corrió para contestarlo, Blanca otra vez. Con el sonido del teléfono Valeria dejó la cortina en paz, descolgó con cuidado la bocina para saber quien era. Martín gritaba en el teléfono, pero no pudo oír nada, se oían voces, no podía distinguir nada de lo que decían. Valeria se tapo el oído para poder escuchar. Entre palabras pudo poner juntas Martín, te amo. Sono el segundo golpe en la puerta.

Esta vez vio que Valeria le gritaba visiblemente enojada. Martín no podía escuchar nada. Ella agitaba sus brazos y lo señalaba, Martín entendió que Valeria había escuchado algo de Blanca. El canto de las ranas había tomado control del ambiente. No había nada más que aquél sonido, lo sentían en el pecho, lo sentían con dolor. Martín como pudo caminó hacia Valeria, la abrazó y pensó: Perdóname. Ambos esperaron el tercer golpe. El definitivo.

Fabiola

Enero de 2005

Friday, January 07, 2005

Le decían el flaco...

Le decían el flaco, mi prima había pasado por mí, íbamos a ir a cenar a Las Palmitas, en San Antonio, en el carro apenas cabíamos, la ventaja es que el flaco en realidad estaba flaco y podíamos viajar cuatro en el asiento trasero. Era la primera vez que lo veía, no pensé nada.

Yo había llegado el sábado, vivía en la Ciudad, tenía casi cuatro años sin visitar a mi familia en Higuera. No podía evitar la mala disposición de algunas personas, unos sólo me trataban mal otros eran abiertos en el asunto. Mi prima mayor siempre tenía que sacar la cara por mí, por que yo no me sabía defender, no de esa manera, en primer lugar, no sabía por que estaban enojados.

El flaco, había sido de los pocos que no habían hecho comentarios sobre mi lugar de residencia, viajábamos apretujados en el asiento trasero, escuchando la música esquizoide de mi prima. Podía sentir los huesos afilados de la cadera del flaco, él trataba de disimular su interés en mi escote. En la carretera no había nadie, no había nada, sólo nosotros.

Pasamos el barrio el Oasis, el flaco miró la intersección de reojo como presintiendo. De las sombras salió un carro que nos echaba las luces, mi prima quien iba al volante, aceleró, haciendo lo que cualquiera hubiera hecho, el carro sin más se nos puso al lado, eran dos los tripulantes, los dos clavaron la mirada en el flaco. Mi prima de inmediato dijo:

- Flaco, no me digas que te andan buscando.
- Nada pasa, tú sigue

El carro se alejó, el flaco se quitó despacio el reloj, y me lo dio. “Guárdame esto, ¿quieres?”. Ya no había vuelta. No habíamos viajado ni dos minutos cuando el carro que nos rebasó se hallaba obstruyendo el camino. Tuvimos que parar, mi prima gritaba histérica más de 7 insultos por segundo, todo un record. El flaco me miró, me guiñó el ojo y salió del auto junto con el novio de mi prima quien viajaba en el frente. Todos los demás nos quedamos boquiabiertos adentro.

La música seguía, mi prima seguía, yo sostenía el reloj del flaco, tengo que aceptar que me gustaba la familiaridad con la que me trataba. El bajó sacudiendo las manos en el aire, gritando frases inteligibles, para mí, no estaba acostumbrada al acento. Se encontraron frente a frente, los cuatro se veían, a nadie se el ocurrió apagar la música para escuchar lo que se dijeron, los del otro carro se veían enojados y dispuestos a lo que fuera. El flaco y el novio de mi prima esperaban.

Los golpes comenzaron, el flaco se daba con el más alto, el novio de mi prima con el otro. La disputa no duró mucho, yo no me había atrevido a parpadear, sentía como un vacío en el estómago, mi corazón latía junto conmigo, no podía dejar de mirar el ralo cuerpo del flaco, se movía con una determinación de por lo menos 100 kilos, mi respiración se aceleraba, preferí cruzar las piernas, para prevenir cualquier cosa.

El sangrante flaco subió al carro, seguido del novio de mi prima. Me sonrió como un chiquillo y pasó su brazo por mi hombro, haciéndome suya. Los contrincantes se quejaban en el suelo, los rodeamos por el acotamiento y nos alejamos. Mi prima no paraba de insultar así estaba desde que todo empezó, todavía a nadie se le había ocurrido apagar la música. Creo que la sangre fue la razón por la que no fuimos a cenar, en lugar de eso fuimos a la sala de emergencia de San Antonio. Al flaco le dieron 4 puntadas en la ceja y al novio de mi prima le dieron unos analgésicos por que parecía que tenía una costilla rota. Decidieron no levantar cargos.

La Higuera parecía un pueblo fantasma después de las 8 de la noche, fuimos a dejar a cada uno a sus respectivas casas, el flaco pidió que lo fueran a dejar a él por último, así tendríamos el asiento trasero para nosotros solos, no necesitábamos mucho espacio, estábamos uno sobre el otro, besándonos mientras mi prima manejaba.

Me acariciaba con sus huesudas manos, parecía un halo, un suspiro. Me buscaba y me encontraba en rincones, mi mente estaba en blanco, concentrada en sus manos en mi piel, no habían frases en mi mente, imágenes solamente, colores, sonidos. Él tenía un aire de confianza y camarería, él sabía lo que había que hacer, como si hubiese estado en esta situación miles de veces, sus ojos medio abiertos emanaban luz, mientras su lengua me dibujaba.

Mi prima miraba por el retrovisor y su novio le pasaba el toque. Paramos frente a casa del flaco, me dio un beso en la frente, y se despidió de lejos. En el barrio donde vivía el novio de mi prima la luz pública no era muy eficiente, así que pasamos largos tramos en total oscuridad, en silencio. Su maltecho novio se bajó de auto todavía quejándose de su costilla, balbuceaba cosas bonitas, por efecto de los analgésicos y la mota.

Yo no sabía que pensar, sostenía en mi mano el reloj del flaco, había olvidado devolverlo. Mi prima con su mirada maliciosa me dijo: - ¿Y?, yo sólo le sonreí, no quería que me echara a perder el momento, no tenía ganas de explicarlo. Pensaba en lo aburrida que era mi vida en la ciudad, pensaba que esta era la libertad de la que tanto hablaban. Comenzaba a construir ideas en mi mente, en todas el flaco estaba presente.

Mi prima sin más bajó el volumen de la música, me dijo: “¡Qué lástima que esta casado!”. Escuché en silencio. Mi prima al ver que no reaccionaba siguió, “se casó el año pasado, su mujer esta visitando a sus papás en los Estados Unidos”. Mi prima hablaba, pero yo no escuchaba, todo lo veía como en cámara lenta, pensando que tal vez despertaría pronto. Abrí la ventana, pude sentir el aire en mi cara, la misma cara que hacía unos instantes besaba el flaco. El reloj lo tiré por la ventana. No abrí la boca el resto de la noche. Mi prima al terminar su monólogo subió el volumen a la música.


Fabiola
Enero de 2005










Sunday, January 02, 2005

Juan

- Juan, necesitamos hablar.

-¿De qué?

- Hoy fui al doctor

- ¿Y?

- Estoy embarazada.

-¿Estás segura?

- Sí

- ¿Y qué quieres hacer?

- ¿Cómo, que qué quiero hacer?, pues nos tenemos que casar.

Después de una ceremonia apresurada y mal organizada, ya estaban casados. La familia de ella no estaba contenta con las circunstancias, pero el hecho de que Juan respondió hablaba bien de él.

La mamá de él y su hermano, prefirieron no meterse en el asunto y se limitaron a ayudar en lo que pudieron sin decir nada más de lo necesario. Después de todo Juan tenía 30, para la madre era un alivio que ya estuviera casado, y esperando familia. Pensaba que después de todo el esfuerzo que había hecho para ayudarla a ella y a su hermano, él se merecía hacer su vida.

Juan no quería pensar mucho, hizo lo que sintió debía de hacer, además la mayor parte del tiempo, ella ya tenía decidido que se debía de hacer. Juan no se metía, la dejaba, lo menos que quería era tener problemas.

Se fueron a vivir al fraccionamiento Francisco Villa, a sólo unas cuadras de la casa de los padres de ella. Rentaban un departamento pequeño, pero suficiente para la recién iniciada familia. Los vecinos eran parejas jóvenes con hijos pequeños, un ambiente adecuado para que creciera el bebé.

Él trabajaba para la empresa de Cable de la Ciudad, se consideraba afortunado por tener un trabajo, después de lo que pasó su hermano para conseguir uno después de su graduación. Juan había empezado como chofer, de mirar y hablar con los técnicos, ahora sabía igual o más que algunos de ellos.

Trabajaba duro para que le dieran unas de las gerencias, ocho años tenía en la empresa, y era supervisor de área. Él se la merecía la gerencia más que los niños “popis”, que llegaban a la compañía con todos sus títulos, y que no sabían nada del negocio. Juan trataba de convencerse que ahora tenía un motivo por el cual esforzarse, pero no daba mucho resultado.

Por las noches, cuando se iba a dormir, se preguntaba si estaba enamorado, cerraba fuerte los ojos y trataba de pensar en otra cosa, en el corazón tenía la respuesta. Sin embargo la idea de ser padre, lo emocionaba, y lo hacía sentir cariño por ella.

Para Juan las mujeres representaban un dilema, con la separación de sus padres él se tuvo que hacer cargo de la casa, sin palabras su madre lo había absorbido, creándole un sentimiento de amor-odio- frustración- miedo hacia ellas. Perdió su virginidad tarde en comparación con sus primos, no disfrutaba de las conquistas, al contrario, prefería vivir tranquilo sin sobresaltos.

Su esposa era la tercera mujer con la que había estado. Le intrigaba la razón por la que ella se embarazó, el cuerpo y sus funciones no eran su fuerte. Aceptó la idea del bebé y de compartir la vida con ella. Después de todo ella era buena mujer, la casa siempre estaba limpia, nunca faltaba qué comer, y la ropa estaba arreglada. Ella no era muy bonita, pero a quién le importaba la belleza. Pensaba.

La vida de casado le vino bien, había aumentado unos kilitos de la buena cocina y los cuidados de su esposa. Además, siempre es bueno dormir con alguien. En la compañía, la evaluación semestral se acercaba. Mientras su esposa crecía. Tenía que quedarse tarde a trabajar para cumplir con la evaluación. Pronto llegaría el bebé, el sexo era nulo.

En unas de esas largas noches, decidió darse un tiempo para resolver su problema sexual, cerró la puerta de la oficina, se puso cómodo y buscó compañía virtual. Su computadora contaba con una cámara, lo que facilitaba las cosas.

De sus compañeros había aprendido a entrar a las salas de charlas, buscaba algún nombre que le llamara la atención y ya estaba conectado en cuerpo y alma a la pantalla. Dependiendo del ánimo en el que se encontrara comenzaba la conversación suave dando tiempo o bien iniciaba tirando directo al blanco.

Revisó la lista de personas disponibles en el área y eligió a CaTaRiNa_24, más por la edad que por el nombre. Después de un par de preguntas, él le dijo

-¿Qué quieres que hagamos?, ella contestó: -lo que quieras,

-¿tienes cámara?,

– No,

-¿Qué lástima?,

-¿Por qué?,

-¿Por qué me gustaría verte?,

-¿Estás casado?,

-¿Por qué?,

-Por que me encantan los casados,

-Sí,

-¿Tienes hijos?,

-Casi,

-¿Cómo?,

-Mi esposa esta embarazada, pero ¿sabes qué?, no me gusta platicar así.

-Ok, perdón ¿en qué íbamos?,

-En que íbamos a hacer lo que yo quisiera,

-Ahh sí, entonces ¿qué quieres hacer?,

-No sé. Oye ¿lo has hecho muchas veces?,

-¿Qué?,

-Coger,

-¿Qué clase de pregunta es esa?,

-Perdón, no quise ofenderte,

-No, no es eso, pero se me hizo raro que me preguntaras,

-Y ¿cuándo perdiste tu virginidad?,

-Cuando tenía 17,

-Joven,

-Sí,

-¿Y has tenido muchos novios?,

-Algunos,

-¿Te puedo preguntar algo?,

-Sí,

-Te la han metido por atrás,

-Sí ¿Y tú?

- No a mi no me la han metido.

- No que si ¿lo has hecho así?,

-He estado cerca, por encima, pero nunca adentro,

-¿NOOOO? ¿ni con tu esposa?,

-No a ella no le gustan esas cosas,

-¿Oye dónde estás?,

- En mi oficina,

- ¿Dónde está tu oficina?,

-En el centro,

–No prefieres mejor salir, estoy sola y aburrida.

Se hizo para atrás en su silla, lo que había empezado como un pequeño proyecto de exhibicionismo ahora se tornaba en una posibilidad.

Pasó más de un minuto antes de que se atreviera a contestar, -¿A dónde quieres ir?, -A dónde quieras?, una gota de sudor bajaba por su frente. –¿Hablas en serio?, -Sí, - Soy nueva en la ciudad y no conozco mucho, - Es tarde, ¿A dónde quieres ir?, -Pues a donde me quieras llevar, pero si crees que es mala idea ahí la dejamos. –No espérate, podemos ir al parque Madero, por ahí hay varios hoteles, si es lo que estoy pensando. –Ok, te veo ahí, tengo una blusa roja y unos pantalones negros, búscame.

Se secó el sudor de la frente y trató de hacer bajar la erección que le había provocado la conversación, sin pensar en el asunto, dejó sus papeles sobre el escritorio, mañana si llegaba temprano podía terminar su reporte, tomó las llaves de la camioneta de la compañía, él no tenía coche, se dirigió al parque Madero. Sólo eran unas cuantas cuadras las que tenía que recorrer, pero prefirió hacerlo en carro para llegar más rápido, los negocios, ya habían cerrado, unas cuantas almas en el parque, todos turistas. El temor de ser visto ahí por algún conocido lo mataba, pero tenía a su favor la hora, era tarde y la gente toda estaba refugiada en sus casas. Se sentó en una banca a esperar a CaTaRiNa_24, quien no le había dado su nombre real, por que consideraba más excitante no revelarlo.

Juan se impacientaba habían pasado casi 20 minutos, ya había estado considerando irse, cuando CaTaRiNa_24 apareció, no era nada como se la había imaginado. Era bajita y rechoncita, muy sonriente, usaba lentes, traía unas sandalias que sólo los turistas usan y una cámara fotográfica al cuello. Para ella no fue difícil reconocerlo, por que era el único hombre sentado en una banca vestido de oficinista, -Hola, dijo ella. –¿Para qué la cámara?, -Para tomar fotos. Y sin más el flash explotó en la cara de Juan, -No me tomes fotos, no me gusta. –Está bien, no te enojes.

Caminaron por el parque, por espacio de 15 minutos, ella había ido a la ciudad para asistir a un curso de mercadotecnia, estaría ahí sólo por unos días. Entraron al Hotel San Cristóbal, pidieron una habitación. Él pagó en efectivo con unos billetes que sacó de su bolsillo. El hotel era todo blanco, con innumerables capas de pintura, era unos de los primeros edificios que se habían construido alrededor del parque, un edificio colonial con techos altos y remates garigoleados en las esquinas.

Tomados de la mano caminaban por el largo pasillo, hasta que llegaron a su habitación. Ella como si nada entró y buscó la jarra de agua, se sirvió un vaso y se sentó en la silla junto a la ventana. En el parque no había nadie.

Sin mucha corte él se le acercó. Torpemente la besó en los labios, la hizo que se levantara de la silla, le quitó la blusa por arriba de la cabeza, él ya había perdido la corbata y desabrochaba con rapidez los botones de la camisa, en un segundo los pantalones estaban en el suelo. A ella la tuvo que recostar en la cama para despojarla de los apretados pantalones, el cuerpo de ella era pequeño, redondo y suave, nada parecido a la esbeltez de su mujer, que aún con el embarazo no se redondeaba.

Una voz suave salió de ella, ¿Traes condones?, él sintió como un balde de agua fría le bajaba por la espalda, los condones. –No ¿para qué los queremos?, -¿Cómo que para qué?, -Yo pensé que lo íbamos a hacer por atrás, no los necesitamos, -¿Qué, qué, estás loco?, -¿Por qué?, -Sino hay condón yo no hago nada, -Pero si por atrás no pasa nada, -Ve y consigue un condón o me voy.

Se vistió rápidamente, y corrió hacia el lobby del hotel, pidió con lo que le quedaba de aliento unos condones al empleado, éste sin mucha prisa, le mostró un paquete de tres, pidiendo por ellos casi 7 veces más de lo que costaban en la farmacia, Juan protestó de inmediato arguyendo que él era local, y que esos precios estaban bien para los turistas, el empleado no hizo caso y dijo sin más que eso costaban. Juan sacó su cartera, le faltaban casi 30 pesos, no quería usar la tarjeta por miedo a dejar evidencia, preguntó donde había una caja automática, corrió hacia el banco que estaba a tres cuadras del hotel, sacó el dinero, regresó pagó los condones y se tuvo que soplar los comentarios sarcásticos de los empleados.

Casi sin energía tocó a la puerta de la habitación, CaTaRiNa_24, estaba vestida viendo una película en la televisión, -¿Los conseguiste?, -Sí, -¿Por qué te tardaste tanto?, -Después te cuento, -Oye, te hubiera pedido una Coca-Cola, me muero de sed, -¿Ahorita?, -Sí, por fas, -Mejor después. –No seas malito, ve.

Después de la Coca-Cola, Juan y CaTaRiNa_24, se entregaron al amor. Juan se sintió vacío más vacío de como estaba, no sabía que hacer ni que decir y ciertamente se hacía tarde, su esposa lo esperaba, no lo hicieron por atrás por falta de cercanía, amistad y lubricante. Para CaTaRiNa_24 no había estado tan mal con la excepción de tener que oler la culpa que exudaba Juan.

La fue a dejar a su hotel, sin insistir en un segundo encuentro, se dijeron de todas maneras que se llamarían, sólo para hacer el momento más respirable. Juan se llevó a su casa la camioneta de la compañía, mañana inventaría una excusa para ello. Casi las dos sonaban, la ciudad se había apagado desde las 9. Se estacionó y pudo ver la luz de su casa encendida. Respiró profundo, y se concentró en lo que diría, la clave estaba en no decir mucho para evitar sospechas. Tomó la llave, la metió en el cerrojo, sintió cómo desde adentro le abrían la puerta. Su esposa la abrió de par en par y se le tiró a los brazos, "Juan, Juan que bueno que llegaste, tengo que enseñarte algo". Juan no sabía que decir, de todas las escenas que había recreado en su cabeza esta salía de cualquier posibilidad.

Ella corrió hacia el cuarto como si la barriga la llevara, regresó a la salita y le mostró un papel negro y blanco con la imagen amorfa en el centro, “Juan este es nuestro bebé”. Su cara entera brillaba. -¿Quieres saber que vamos a tener?, Él sólo movió la cabeza. “Es una niña, Juan vamos a tener una niña” Juan se desplomó en el sillón, pensando en qué contestar.

Fabiola

Enero 2005.

Monday, December 27, 2004

Abel

Abel había nacido enojado, se sentía cómodo sintiendo ira, de hecho le parecía inconcebible sentir satisfacción. Decía de aquellos que se sentían satisfechos que eran unos mediocres, hombres inferiores, conformistas.

El intentaba ser como él pensaba debía de ser, pero la ira no le permitía muchos avances. Abel tenía la idea de un mundo, sabía como debían de funcionar las cosas, como la gente debía de conducirse, si todo fuera como él lo pensaba, la vida sería diferente, el mundo sería merecedor de ser habitado, sería un mundo en el que él se atrevería a sonreír.

Abel era un realista, no usaba mucho su imaginación por que no veía la utilidad en ello. No entendía eso que llamaban amor, para él no era más que hormonas, instinto y unas cucharadas de soledad. Sentía como las orejas se le tornaban rojas cuando alguien de buena voluntad trataba de explicarle, más furia sentía.

Pero, no todo era malo, después de todo, apreciaba la belleza en ciertas cosas, en los pájaros, en las hojas de los árboles, en frases de antiguos pensadores, en los libros. Abel vivía en un apartamento sin compañía, nunca había la había buscado, no creía en nada que no pudiera explicar científicamente. No le gustaba, la incertidumbre, las emociones, lo inesperado de otro ser humano deseoso e incompleto, así que decidió evitarlo por completo.

Abel, a veces soñaba con no despertar, no veía el objetivo de existir si era inalcanzable aquello que él deseaba, él soñaba con su hermano, soñaba que su hermano como en los viejos tiempos lo sacaba de su miseria.

Fabiola

Diciembre de 2004

Friday, December 10, 2004

Un sí por respuesta.

Para Leonel

Viernes por la noche, se sentía cansada, le había prometido asistir a la reunión. La recogería Samuel a las 9, irían en metro al centro.

La ciudad se dibujaba como un caleidoscopio, cada instante era una imagen diferente, la gente, las luces, los autos, y ellos. Llegaron sin contratiempos. Caminaron por la estrecha puerta, sus amigos los esperaban. Saludaron, se quitaron el abrigo y llamaron al mesero. Ella miraba a su alrededor, como buscando algo. En la mesa del fondo, en la penúmbra, un hombre y una mujer conversando. Sintió como bajaba una corriente fría por su espalda, la tercera persona en la mesa, él.

Cerró los ojos, sacudió la cabeza, y no miró más.

Desde hacía dos años, lo veía en todas partes, en todas las personas. Tenía que convencerse que él ya no estaba, que él se había ido. Trató de poner atención en sus amigos y en la conversación. Samuel se disculpó y fue al baño. Ella aprovechó para ir a la barra y ordenar algo de tomar, ya que el mesero no se aparecía. Tomó valor miró otra vez hacia la mesa. Él esta vez la miró fijamente, había dejado crecer su pelo y su barba, parecía diferente. Sin embargo, esa mirada no podía pertenecer a nadie más. Despacio, ella giró su cabeza hacia la barra y pidió un trago.

Samuel la alcanzó en la barra y se percató de las lágrimas en sus ojos.

- ¿Qué pasa?

- Es él otra vez.

Él corrió su brazo por sus hombros,

- Ya hemos hablado de esto.

- Lo sé.

- Vamos a pasárnosla bien. Esta noche, es Nuestra Noche.

Regresaron a la mesa con los tragos en la mano, ella no quería ver, pero no lo podía evitar. Lo único que quedaba de él era un par de billetes sobre la mesa. La pareja que lo acompañaba, bailaba en la pequeña pista.

Ella, se dividía en dos, una parte habitaba en el mundo presente, conversaba y convivía con la gente. La otra parte no dejaba de pensar en él. Pensaba en el dolor que le había provocado, pensaba en lo felices que habían sido y sentía culpa por no poder amar a Samuel.

Fue al baño para poder tener un minuto de soledad, él la esperaba en la entrada del baño. Se miraron, ella no podía sostenerse en pie. Le dijo desafiándolo: “Tú no existes, tú estás muerto, vete”. Ella trató de entrar al servicio, él no lo permitió. Ella sintió perder la cordura. Él la tomó de los hombros y la obligó que lo mirara a los ojos. “Vine a pedirte perdón, lo tuve que hacer por tu propia seguridad”. Ella no podía respirar, se ahogaba. Sus piernas se hacían líquidas, y veía todo negro. En el fondo ella confiaba que todo era el resultado de su imaginación, y que despertaría pronto.

Él la abrazó, antes de que se desplomara en el piso. Ella ahora lo podía tocar, se sentía real, demasiado real para ser un sueño. El tono se su voz cambió, hablaba como una niña en frases cortas, trataba de explicar lo que estaba pasando. “Tú no estás aquí. Tú estás muerto. Tú te moriste el 21 de Marzo del 2000. Ibas con tu amante. Los dos murieron”.

Él repetía.

- Perdóname, perdóname.

Su cara pálida y sin gesto. Sus ojos no miraban a ninguna parte. Ella le preguntó: Díme, por favor que no estoy loca, díme por favor que no estoy loca. Él trataba de tapar su boca con la mano para no llamar la atención. Le rogaba guardara silencio.

Cuando ella calló, él dijo: No hubo tal amante, fue para desilusionarte. No he dejado de pensar en tí ni un sólo instante. He venido a pedirte que vengas conmigo.

Ella tenía la mirada perdida, rayaba en la locura. Con la poca voluntad que le quedaba aceptó, salieron del lugar tomados de la mano. Caminaron calle abajo. Caminaron por las calles de la ciudad siempre cambiantes, pasaban las horas, hablaban sin parar, ella recobraba la sensación de ser, pronto amanecería, ella le propuso fueran a su casa, él aceptó.

Preparó té para los dos, se abrazaban en el sillón, se fueron a la cama con dos años de deseo, hicieron el amor hasta que los rayos del naciente sol les cubría la cara, durmieron con sus cuerpos entrelazados.

Samuel y los demás la buscaron por todas partes. Samuel guardaba la esperanza de que todo era un malentendido, ella tal vez necesitaba estar sola.

Habían pasado sólo algunas horas, una perilla mal cerrada, un vecino llamó a la policía cuando el persistente olor a gas saturaba el aire. A la fuerza abrieron el departamento. Ella yacía en la cama, con un gesto de entrega. Estaba sola, durmiendo el sueño eterno sola.

Samuel la miraba, no reconocía aquel gesto en su cara. Sin embargo, era ella. Al identificarla dio un sí por respuesta.

Fabiola

Diciembre de 2004

Thursday, December 02, 2004

Diana

Diana es una cosita bonita

Diana va a cumplir ocho años

Diana sueña con unicornios dorados

Ella una tarde tocara las nubes


Diana pregunta su madre cuando será su cumpleaños

"Será pronto no desesperes, mi niña"

Ella llevará un vestidito blanco

y unos zapatitos azules


Diana vive con mamá y papá

Diana tiene un perro y un conejito

Diana cuenta los días para su cumpleaños

Diana quiere una estrella, un arcoiris, y una gota de mar


Diana duerme, vuela en las nubes

Diana siente que la tocan

Diana no se puede mover

Diana tiene miedo


Diana esta triste

Diana no se quiere levantar

Diana ya no quiere los regalos

Diana lo que quiere es llorar


Diana abre los ojos

Diana no puede hablar

Diana quiere que aquello fuese solo un sueño

Diana supo hoy que los unicornios no existen.


Fabiola
Diciembre 2004

Monday, November 22, 2004

Where are you?

Where are you? This voice sounds over and over in my head.

Do you miss me? Sometimes I just prefer not to think about it.

How can you live without me? And I can not leave my bed without you. It still smells like you. I take long breaths just to have a sense of you.

Don’t you understand I am here?
Don’t you have a heart?
Don’t you have blood in your veins?

How many times I have to repeat my self you don’t exist, you are a bad dream, a joke. But doesn’t matter how many times I do that. When I see you, time stops and I am ready for you to take me where nobody has taken me before.

Fabiola

<>November, 2004

Wednesday, November 17, 2004

Casa

Se me llenan los ojos de lagrimas de pensar en volver a casa.
El problema es que he olvidado donde vivo.

Fabiola
Noviembre de 2004

Saturday, November 06, 2004

Did I say that aloud?

“I just want to kiss you”… Did I say that aloud?

He remained silent. In that moment .I'd have given anything for a kiss, and you know I mean it. I'd have given up my roller skates, my coffeemaker, my hair, my eyelids, one eye, two fingers, my soul.

His existence had an effect on me; he is responsible for my lack of health, in the last two months I have experienced: high blood pressure, temporary blindness, deafness and tachycardia. I am practically dying.

We usually go to the movies, eat popcorn, and make fun of each other. We didn’t care about the weather, politics or religion. “We” is our favorite topic.

He looked at me with his wide-opened eyes. He didn’t know what to say. But he was curious, I could tell.

So far, we have kissed on the cheeks, hugged, held hands, caressed each others hair, but we haven’t kissed on the lips… yet. And I like to make clear that we haven’t kissed YET… beautiful word, full of hope.

When we go out, and people are looking at us, I enjoy showing my I don’t give a shit face, and he loves it. He feels safe and protected with me; he has built a shelter in my company. He is soft and delicate, he is almost ethereal. Nothing like me, I am a rock, a warrior, ready to give my life for him, if he gives me only one kiss.


Fabiola.
November 2004

Saturday, October 23, 2004

Luck

His name was ... well, that doesn't really matter. What does matter is to mention that he was a beautiful creature. The good thing was that people less evolved couldn't quite see it.

His face was enlightened, a golden aura accompanied him everywhere. His eyes were ... those enormous eyes; they ate you alive, without you even noticing it. His messy hair gave him the ultimate touch. His smile ran from side to side giving the illusion it would never stop of revealing itself.

There was something unnatural about those eyes. Sometimes I believe they had a life of their own, they had will and desire. He could easily speak through them if he wanted.

We were friends and just friends. That marked me with bad luck for seven years.

I would never regret enough about that night.

He was telling me with slow and sweet phrases, he'll never be mine. I could feel his breath on my face. He was close enough to make me go crazy.

Somebody else was the carrier of the Good Luck. Somebody else will enjoy those eyes with life of their own, that endless smile and that messy hair.

It is incredible how naive I was, just like a little kid, I thought if I wanted him enough, eventually he will be mine.

I stood up, excuse myself, went to the bathroom, and locked the door. I looked my pathetic reflection in the mirror, I felt repulsion. I couldn't stand it. I felt ashamed. One blow. My arm. The mirror was broken in to pieces, some of them still in my knuckles.

That night was the night of the seven years.

Damn you Luck!!

Naufragio

Nací 20 años después, con la nostalgia de lo que ya no será.
Vivo 10 años atrás, náufrago del ahora.
Estoy seguro que moriré 5 años antes sin saber que día es.

Tuesday, October 12, 2004

Hyper

Aaaaaaahhhhhhh oqui oqui oqui oquidoqui mira que culo, ¿cómo es que tienen ese culo las negras?, han de tener pacto con el diablo. Mira nada más agggggggrrrrrrrr naaa naaaaa naaaaaaaa ¿que le iba a decir a este cabrón? Turi turi turi turi turi turu ru ru ru ri

Se le transparenta la blusa ¡chiiiiichis chiiiiiiiiiichis chiiiiiiiiichis!

-Eso no es cierto… Quien te dijo?

¿Quién le habrá dicho?, se me hace que la Manuela le dijo a este cabrón que cojimos. Nenenenene nenenenenene nenenenenenenene nenenenenenene uuuoooouuuuoooouuuoooouuuuu!!!!!

Ni ni ni ni ni ni ni Caracol caracol caracolito mira que bonito tu cuuuu ni ni ni p-e-l-i-rr-o-j-a aha aja aja jaja jaaaa aja!!! Me la echo nos la echamos. Excuse me do you have a moment? Is your name Laura? Aaaaaaaaaahhhhhhhhh aahhhhhhhhhhh mis ojos mis ojos!!!

Nuuuuuuniiiii nuuuuuuunnniiiiiiii glup glup glup glupi glupi glupi

- ¡Qué!, ¡ni madres cabrón, no me la cojí!

- ¡Oye! ¿que se sentira que te la metan?. Hasta los pelitos se me pararon.

Piiiiiiiiii pppiiiiiiiiii piiiiiiiii ppiiiiiiiiiiiiiiiiiii


Fabiola
Octubre 2004

Monday, September 27, 2004

Isabela

Isabela

En nuestros días, tres grandes religiones comparten la idea de la reencarnación. Los Budistas, los Taoístas y los Hinduistas predican que el alma es inmortal, pura e incorruptible. Sin embargo, el viaje que realiza cada alma por el mundo es el vehículo por el cual se llega a la Iluminación.

Existen varias discusiones al respecto, para los Budistas el alma cada vez se va perfeccionando, y la idea de la reencarnación es un accenso en la escalera espiritual. En cambio para los Hinduistas la reencarnación es también una oportunidad de corrección, lo que quiere decir, que un alma puede reencarnar en entidades inferiores a la humana, dando la oportunidad a esa alma de ser pulida y perfeccionada.

Los hábitos que deben ser corregidos a través de la reencarnación, van desde la ira, la gula, la lujuria entre otros. Cada uno, se tiene una forma específica de reencarnación. Por citar un ejemplo: si un alma se deja llevar por el placer de la comida al grado de que su conciencia quede empañada. Aquella alma reencarnará en cerdo, vivirá la experiencia en una forma más intensa y a través de ésta podrá evolucionar. Reencarnando en una entidad diferente en la siguiente vida.

Varias religiones entre ellas los Hinduistas, creen que el cuerpo es el templo del alma. Usar y abusar del cuerpo es un atentado directo al alma. Para aquellas personas que les agrada mostrarse desnudos en público, la reencarnación apropiada es en árbol. Dándoles la oportunidad de experimentar la desnudez en cada instante de su existencia, ante la inclemencia del clima, el sol, la lluvia, los animales y los humanos.

Ella leía esto directo del libro: “La Ciencia del la Autorrealización Espiritual” del Swani Drapabhunanta. Isabela, se dirigía a su trabajo, el tren se había detenido justo cuando más prisa tenía.

II

Isabela, modelaba para una clase de dibujo con modelo desnudo en la Universidad.

Abrió la puerta del salón donde los estudiantes ya la esperaban. Corrió al baño a cambiarse, se puso la bata a toda velocidad y tomó el escenario.

Las primeras seis poses eran poses de calentamiento. Poses que tenía que sostener por sólo dos minutos.

A ella en lo particular le gustaban más las poses largas que tendría que sostener por veinticinco minutos, estas eran dos poses de pie, dos sentada y la última, su favorita, acostada en la que dormía una siesta.

Cayó la bata al suelo y empezó la sección, Cano uno de los estudiantes, amante de la música, se aseguraba de poner el ambiente para la sección. Isabela agradecía la música de Cano. Cuando Cano no asistía todos tenían que aguantar la música de Paz quien entre sus raras mezclas de Celine Dion y Barbara Straissant, ponía a todos en el ánimo de salir corriendo.

El reloj empezó a correr, Isabela dejó volar la imaginación separándose de su cuerpo inmóvil. Trataba de pensar en sus vidas pasadas, ¿a dónde habrá vivido?, ¿siendo qué?, ¿habrá tenido hijos?, ¿habría sido un animal?, ¿un gato?, ¿un león?, ¿un insecto?, ¿una madre abnegada?, ¿un soldado en la revolución?, ¿Un hombre ordinario? Su pierna comenzaba a hormiguear, bajaban las gotas de sudor por sus costados, y su inicial sonrisa se había apagado.

Las horas pasaron, Isabela construía en su cabeza sus antiguos viajes en el mundo.

La penúltima pose era una pose sentada. Descansaba sobre su costado derecho, decenas de almohadas sostenían su torso, su cadera y piernas sobre el cobertor que la aislaba del piso. Ella se sentía como la Maja de Velásquez. Su pelo suelto descendía por sus hombros tocando delicadamente uno de sus pezones.

Escuchaban “Pasión” de Peter Gabriel, suficiente para ser transportados a tiempos antiguos. Ella viajaba entre palacios, desiertos, y guerreros. Isabela era la amante del rey, la preferida. El reloj sonó trayéndola abruptamente a la realidad y a su desnudez. Se puso la bata durante el descanso, sin realmente despertar completamente.

La última pose, acostada sobre su espalda con los brazos arriba de su cabeza, sus piernas juntas, con las rodillas sutilmente flexionadas, dos almohadas elevando la parte superior de su espalda para dar la ilusión que su cuerpo estaba siendo derretido. Ella cerró los ojos.

Se sintió pesada como si hubiera pasado una eternidad, se había dormido profundamente, abrió sus ojos y lo que pudo ver fue el edificio, estaba afuera, trató de incorporarse, no se podía mover, estaba adherida al piso. Miró hacia abajo y vio las raíces de un árbol, vio su tronco liso y esbelto. Aterrorizada siguió su recorrido visual sus brazos eran dos hermosas y largas ramas, sus manos y dedos se extendían a lo alto sosteniendo ramilletes de hojas verdes. Su hermosura se había conservado durante la transformación.

III

No entendía nada, quiso gritar, pero nadie parecía oírla. Las tres de la tarde marcaba el reloj de la torre. El sol caía como plomo sobre sus ramas superiores. Exhausta de intentar moverse, rompió a llorar.

Tenía calor, desesperada, por un momento trató de pensar que tal vez era un mal sueño y que pronto despertaría. Respiró profundo, cerró los ojos y se dijo a sí misma. “Isabela despiértate”.

Abrió de nuevo los ojos, y pudo ver el edificio. Intentó mover uno de sus brazos, sin resultado. Un par de ardillas escalaron hasta una de sus ramas. Pudieron oír sus esfuerzos. Preguntaron si se encontraba bien. ¡Qué!, ¿Pueden hablar? Las ardillas se miraron una a la otra, haciendo el gesto que tal vez al árbol le faltaba un tornillo. Sin decir nada se bajaron de Isabela. Ella mientras les gritaba: ¡Esperen!, ¡no se vayan, por favor, no me dejen aquí, no así!

La pareja descansaba a su sombra, tenía que pensar en algo rápido para llamar su atención. ¡Un pájaro, eso es! Miró a su alrededor, miró a una paloma en una ventana. -¡Pss, hey palomita!, La paloma miró a Isabela. -¿Sí? -¿Puedes venir para acá?, necesito preguntarte algo. -¿Y qué me vas a dar?, - Pues no sé, ¿qué quieres? –Me dejes hacer mi nido en una de tus ramas. –Sí, lo que quieras. –No pienso pagarte renta, me oyes árbol. –No sabía que pagaban renta. –Árbol ¿estás bien? –Claro que no, por eso te necesito.

La paloma se posó en la rama. Habló en voz baja con Isabela. Levantó la cola y dejó caer un líquido blanco grisáceo sobre la frente del novio. Éste se levantó a toda velocidad maldiciendo. Isabela gritó con todas sus fuerzas…

Nada, las personas no la oían, estaban sordos. Uno que otro animal volteaba a ver a Isabela sin decir nada. Anochecía y ella se moría de miedo. Por primera vez se sintió desnuda. Se había corrido la voz que Isabela no cobraba renta y justo al anochecer sus ramas se caían de pájaros, quienes se peleaban por las ramas. Ella ensordecía con la bulla, les gritó. ¡Se callan o se van! Algunos se atrevieron a protestar, pero al final se callaron.

Pasaban las horas y no podía dormir, todos los pájaros dormían a pesar de la pesada iluminación de la Universidad.

Al amanecer los pájaros uno a uno despertaron y comenzaron a cantar. Ella no había cerrado los ojos. Tenía sed. Daría lo que fuera por un café y un cigarro. Las ardillas del día anterior, vinieron a preguntar: ¡Hey árbol, unos pájaros nos dijeron que te crees humano!

Ella no contestó, aquellas ardillas tenían ventaja sobre ella, por lo menos sabían lo que eran, podían correr y comer. Sentía hambre e ira. Soplaba el viento y le acariciaba las ramas, sus hojas se movían con las olas del viento. Por un instante se olvidó de su miseria.

Era el mes de Julio, y el verano se dibujaba en las hermosas ramas de Isabela, todas llenas de hojas, todas verdes, todas juntas, todas haciendo de Isabela uno de los árboles más hermosos de la Universidad.

Fueron pasando los días y las noches e Isabela, como buen humano que un día fue, se acostumbraba a su nuevo estado, y sin exagerar se podía decir que lo disfrutaba. Había encontrado, en la suave movilidad que le daba el viento, una nueva forma de meditar. Llevándola a pensar no sólo en lo que se siente, sino en lo que se aspira, en lo que hace uno en este mundo. Pensaba en el infinito amor que se respiraba siendo árbol, cada gota de agua era una bendición, cada animal que la tomaba como refugio o casa, era una plegaria hacia aquello que los había creado.

Isabela, tenía ya su rutina como árbol, tomaba baños de sol, sentía la brisa cepillar sus hojas y ramas, se estiraba por la tarde, y se preparaba para pasar la noche en silencio, en un estado de letargo, en el que pensaba en lo afortunada que era de ser árbol, y no una pobre humana buscando compañía.

Desde que era árbol, no había sentido soledad. Tenía a todos los insectos, los pájaros, las ardillas inclusive los gusanos, quienes había descubierto eran los más amables de todos. Venían de vez en cuando las parejitas a disfrutar de su sobra, de vez en cuando recibía un discreto abrazo de alguien conmovido por su belleza. Algo se podía decir de ella, ya no estaba sola.

Se pregunta cómo pudo vivió tanto tiempo sin ver, sin oler, sin sentir las cosas que ahora eran su vida. Se pregunta como pudo vivir tanto tiempo evitando la cercanía de los demás, no se puede responder como lo hizo.

El mes de Septiembre se acercaba y con él el cambio de estación, Isabela podía notar algunos cambios en su entorno, el sol se posaba diferente en su copa, las flores y los arbustos se cerraban, al principio pensó que le salían canas cuando pudo ver las primeras hojas decoloradas. Después una de las ardillas que se hospedaba en ella le explicó que eso le pasaba a todos los árboles de su especie, que había visto varios al final de la explanada que habían empezado como ella a cambiar de color.

Ella se río, por que nunca pensó en algún día ser rubia, sus hojas de pintaban del color del sol, y cuando se había acostumbrado a pensarse peli-amarilla, pudo notar algunas de sus hojas tornándose rojas, con las hojas rojas, le vinieron ganas de dormir, las hojas empezaron a caer, y ella a bostezar, pasaban los días, perdía sus hojas y casi podía mantener sus ojos abiertos. Sentía la deliciosa sensación de anticipación, la tan esperada oportunidad de dormir y descansar por fin.

Con sus ramas vacías y sus ojos cerrados, en pacífico sueño Isabela esperaba la primavera.

Fabiola

Septiembre 2004.

Tuesday, September 21, 2004

Nati

26 de Enero de 2000.

Nati,

Te escribo para darte una explicación. Sabes que te quiero como a nadie y me duele mucho que me creas capaz de una cosa así. Primero que nada, no deberías de tomar en cuenta lo que dicen lo demás. Tú y yo hemos pasado momentos difíciles y es nuestro amor el que nos ha hecho superarlos.

Ten confianza en mí y en lo nuestro.

Mi corazón es tuyo.

Ray.

28 de Enero de 2000.

Nati mi amor,

Por favor, te ruego que me contestes. Me estoy volviendo loco de pensar en lo que estás pasando. Por favor bebé, contesta el teléfono y dime lo que está pensando esa cabecita tuya.

Tuyo por siempre.

Ray.

30 de Enero de 2000.

Nati,

Hoy hace una semana que nos peleamos, me arrepiento de todas las cosas que te dije. Sabes que nada lo dije con intención de herirte. Tú eres mi amor y estás en el derecho de estar confundida.

Lo único que te pido es que nunca me olvides, y que sepas que en mí siempre vas a encontrar en alguien en quien confiar.

Pienso en tí.

Ray.

6 de Febrero de 2000.

Natita, pollita:

Me había prometido no escribirte, para darte tiempo de pensar las cosas. Pero cada día sin tí es una tortura. El 14 de Febrero esta cerca, sería nuestro primero juntos, me dolería muchísimo pasarlo sin tí. Te amo, creo que nunca te lo había dicho. Perdóname de todas las cosas que no te dije.

Te amo, te amo.

Ray.

10 de Febrero de 2000.

Natalia,

Te escribo sólo para decirte que esta será mi última carta. Ya me cansé de tus caprichos. Sino eres capaz de entenderme, creo que no tiene caso tratar de hacer funcionar lo nuestro. Buena suerte en la vida. Adiós.

Ray.

12 de Febrero de 2000.

Nati amor mío,

Sé que lo que hice no tiene nombre. Mi única excusa es que soy hombre y debo de hacer las cosas que se supone tengo que hacer. Si pudiera regresar el tiempo, jamás lo haría. Estaba borracho y loco por tí.

Ya te expliqué que pasó. perdóname si puedes.

Ray.

13 de Febrero de 2000.

Nati,

Siento que estoy perdiendo la cabeza. Regresaste mi carta anterior. Estaba abierta. Ya se que prometí no volverte a escribir. Me llena de esperanza saber que lees estas líneas, de alguna forma seguimos compartiendo algo.

Contéstame, dime algo lo que sea, que me amas que me odias, algo.

Ray

14 de Febrero de 2000.

Natita,

Tal vez tú eres feliz. El último favor que te pido es que sigas recibiendo estas cartas. Es lo único que me queda. No me rechaces, aunque sea lee mis palabras.

Espero que te hayan gustado las flores, los chocolates, y ¿encontraste el anillo? ¿Te acuerdas que siempre que pasábamos por ahí lo señalabas?

Ray

16 de Febrero de 2000.

Querido Ray,

He recibido todas y cada una de tus cartas. Quiero pedirte que te pongas en mi lugar y que pienses como te sentirías si yo te hubiera hecho lo que tú me hiciste.

Estuve muy triste y después enojada, pero creo que ahora ya puedo hablarte.

Recibí tus flores, los chocolates y el anillo. Las flores las puse en mi cuarto, los chocolates se los comió mi hermana, por que ya sabes que a mí me salen barritos, y el anillo me quedó chico. ¿Lo puedes cambiar?

Tenemos que hablar. Nos podemos ver en el kiosco chico a las 2:30 PM, saliendo de mi clase de 1 PM.

Perdóname no te compré nada.

Nati.

Fabiola

Septiembre 2004

Que día es hoy?